jueves, 27 de junio de 2013

Sueños en el Umbral


Sueños en el umbral: memorias de una niña del Harén de Fátima Mernissi

Editorial: El Aleph
Año de edición: 1995
ISBN:9788476692318
Páginas:292
 
Sinopsis:
En Sueños en el umbral: memorias de una niña del harén, relata su infancia y primera juventud en el harén donde nació. Nos cuenta de una forma deliciosa como la niña va conformando sus ansias de libertad, en cierto modo inspirada por el espíritu de otras mujeres de su familia. La particularidad de aquel mundo cerrado no nos impide vislumbrar cierta universalidad de muchos comportamientos. La sensualidad que derrocha la escritora nos acercará a realidades que desconocemos.
 
Autora:
 

La autora de esta novela es Fátima Mernissi. Es una escritora marroquí, nacida en la ciudad de Fez en 1940. Es historiadora, ensayista. doctora en sociología y profesora universitaria en el Institut Universitaire de Recherche Scientifique de la Universidad Mohamed V de Rabat. Es una de las intelectuales del Magreb más conocidas en Ocidente, destacando por su defensa de los derechos de la mujer. Es consultora de la UNESCO y se ha especializado en el estudio de la condición femenina en las sociedades musulmanas. Sus obras más destacadas son, Sexo, ideología e Islam (1975), Marruecos a través de sus mujeres, El miedo a la modernidad, Aixa y el hijo del Rey o ¿quien puede más, el hombre o la mujer?, Sueños en el umbral: memorias de una niña del harén, Sultanas olvidadas (1990), El harén político y La mujer en la otra orilla. Su obra se ha traducido a varios idiomas. En el año 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras junto a Susan Sontag. 
Uno de los temas centrales de la obra de Mernissi es la creencia del poder de la palabra como medio para unir culturas. Apuesta por una globalización que promueva los derechos individuales, sociales y culturales de todas las personas, con independencia de su lugar de procedencia.


La infancia de Fátima son recuerdos de un patio cuadrado rodeado de columnas de mármol y azulejos y con una fuente en el centro. Cuatro enormes salones se abrían a este espacio: el de su familia, el de la abuela paterna, el de sus tíos y sus siete primos y, por último, la sala donde los hombres comían, oían las noticias en la radio, cerraban negocios y jugaban a las cartas. En el piso superior habitaban las tías divorciadas y viudas con sus hijos. Todas las ventanas se abrían al patio. Ninguna daba a la calle.

Por tanto de lo que ella habla es de un harén del siglo. No es un harén imperial, desaparecidos en el siglo XIX. Se trata de uno doméstico. Su padre era un rico terrateniente, nacionalista, casado con una sola mujer, pero defensor de las tradiciones. Tanto su abuela materna como su madre desearon para Fátima una educación distinta, que le permita abandonar el haréb  y llevar una vida diferente a la de ellas. Su madre era muy crítica con aquella forma de vida e inculcó en su hija la defensa de los valores de la mujer, su derecho a la educación, a poder hacer algo por su sociedad y su país.
Aunque hay una crítica al pasado no se hace agriamente, sino con dulzura, de hecho, la opinión hacia las tradiciones es positiva, aunque las mujeres, pese a vivir una vida muy limitada, conseguían superar las dificultades alimentando una fuerte vida interior.
La autora describe lo que sucede desde la visión de los ojos de una niña que vive aquellos hechos en ese ambiente y en compañía de otras mujeres, que le enseñan las cosas de la vida.
La infancia transcurre en pleno caos ya que  ni los cristianos ni las mujeres respetaban las fronteras establecidas por la tradición. En las medinas de Marruecos, dividido en dos por franceses y españoles, empiezan a llegar los ecos de la Il Guerra Mundial.
El harén también está alterado por las novedades que les llegan del exterior. Las mujeres se pasan el día peleando con el portero Ahmed y con sus maridos para poder salir, para quitarse el velo, para aprender a leer y a escribir... Los nacionalistas, que luchaban por la independencia del país, habían prometido igualdad de derechos para los hombres y las mujeres. Mientras los nuevos tiempos llegaban, la vida en el harén continuaba su rígido curso, aunque dividido en dos bandos las mujeres más tradicionalistas y aquellas que ansiaban la libertad, que suponía el transpasar la puerta, el umbral, la frontera.

Si en el patio, territorio de los hombres fundamentalmente, imperaba el orden, en la última planta reinaba la imaginación. En la terraza se contaban cuentos al anochecer, se representaban funciones de teatro y se realizaban todas las actividades ilegales de la casa: mascar chicle, fumar cigarrillos americanos y hacer magia a la luz de la luna para conseguir, sobre todo, atractivo sexual por parte de las mujeres con embrujos.
Una de sus abuelas Yasmina, le explica un día qué significa el harén: todo lugar donde rige un código de comportamiento, o qa'ida. "Por desgracia, la qa'ida casi siempre está en contra de las mujeres", le avisa, y le habla de las fronteras. Fronteras que en el harén de la ciudad están limitadas por los muros, y en el caso del harén del campo de las fronteras invisibles que están trazadas desde antaño en las mentes de hombres y mujeres.
Su madre nunca admitió la superioridad masculina por considerarla absurda y totalmente antimusulmana, y siempre se lo dejó claro, era rebelde y buscaba que su hija transgrediese las normas y buscase la libertad. Algo que ella consiguió al poder llegar hasta la universidad.

El libro, no es apasionante, ya que no se trata de una historia con trama, sino un suave relato de la vida allí, con sus miedos, sus alegrías, sus juegos, etc. Deja un dulce sabor de boca, pero para mí me ha resultado muy lejano y elitista, ya que es el retrato de una familia pudiente, no de la realidad de la calle.


Espero os haya servido de ayuda y orientación si decidís leerlo.
Saludos y nos vamos leyendo. 



2 comentarios:

  1. Pinta interesante. Ya te contaré según lo vaya leyendo. :-)

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  2. Gracias por comentar. La Isla

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Muchas gracias por comentar.
El contenido de la entrada es mi opinión como lectora y por tanto es totalmente subjetiva.