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miércoles, 30 de diciembre de 2015

EL REGALO de Eloy Moreno


Título: El regalo

Autor: Eloy Moreno

Editorial: Ediciones B

Edición: Tapa blanda con solapas y en caja

Fecha de publicación: octubre de 2015 

Nº páginas: 448

ISBN: 978-84-666-5789-1

Género: Novela, ficción.

Autor

Eloy Moreno Olaria, nacido en Castellón de la Plana en 1976, es un escritor español que se ha dado a conocer tras la publicación de su primera novela, El bolígrafo de gel verde (2011).
Se tituló en Ingeniería Técnica en Informática de Gestión por la Universidad Jaume I. Acudió a talleres de escritura en esta misma universidad. Tras finalizar sus estudios universitarios estuvo trabajando en una empresa de informática hasta que aprobó las oposiciones a informático en el Ayuntamiento de Castellón de la Plana, donde continúa trabajando.


Comenzó su andadura en la literatura autoeditando su primer libro, y llegó a vender más de 3.000 ejemplares. Este éxito junto a la labor de difusión realizada a través de las redes sociales hizo que la editorial Espasa decidiera reeditar la novela. Se han publicado 13 ediciones, con más de 80.000 ejemplares vendidos. En el mes de su lanzamiento con Espasa fue la novela más vendida de España.

También ha escrito varios relatos cortos. Con uno de ellos, La cama creciente ganó el II Concurso de Relato Corto 2008 organizado por el Casal Jove de Castelló en la categoría de 19 a 35 años. Además, escribe artículos de opinión en su blog Tercera Opinión, que fue galardonado con el premio de mejor blog en la 2ª edición de ’1 año en 1 post’ de la web Atrápalo.

Fue Premio Onda Cero Castellón 2011 por el esfuerzo realizado en la difusión de El bolígrafo de gel verde, y finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2012 en el apartado de narrativa por la misma obra.

Su segunda novela, Lo que encontré bajo el sofá (2013), ha tenido miles de lectores, muchos de los cuales le acompañan en las numerosas rutas que realiza por Toledo reviviendo el argumento del libro. 

A principios de 2015 volvió a autoeditar un pequeño proyecto personal, Cuentos para entender el mundo, una obra que en apenas seis meses anda ya por la decimosegunda edición.

Sinopsis

«Y llegamos a un lugar que, aún a día de hoy, no sabría muy bien cómo definir.
Quizá es ese sitio al que te trasladas cuando suena el timbre del recreo, o allí donde vamos al cerrar los ojos justo antes de soplar las velas, o el viento en el que flotamos al recibir uno de esos abrazos que nos sostienen el cuerpo, las dudas y los miedos...

¿Quién sabe?

O quizá no era más que la parte trasera del armario en el que se había convertido mi vida: ahí donde se almacenan prendas que jamás volverás a ponerte pero que te da pena tirar.»

Opinión

Este libro ha sido un proyecto analizado, y muy esperado por mi parte. Conocí a Eloy con su bolígrafo, y me gustó mucho, con su segunda novela, me enamoró. Me cautivó con su forma de escribir tanto por el fondo como por la forma. Me sentí realmente en los zapatos de algunos de los personajes que aparecen en Lo que encontré bajo el sofá, y hacer una Ruta por Toledo, como las que ha realizado se volvió un sueño…por ahora irrealizable, pero está ahí.

El regalo, sabía que era para mí, y tras unos cuantos problemas llegó a mis manos. Quienes me conocen ya saben que los libros se me escapan, se pierden, supongo que para que cuando están por fin en mis manos los aprecie aún más.

El protagonista es un hombre ocupado que comienza un día más de su vida, en el que tanto su mujer como él tienen que salir de viaje, y tienen que dejar a su hija con sus abuelos.
Sale de su garaje con un coche nuevo y reluciente, ése que tanto tiempo ha deseado y que está deseando disfrutar.

Hace una parada para tomar un café en un bar de carretera, y le roban su coche, por el que tanto ha luchado y trabajado, y con él también le roban gran parte de su vida.

No podrá llegar a su trabajo, su jefe le echará la bronca porque su tiempo es oro, y aún es más valioso el de la empresa que le está esperando.

Ya no será él el que tenga las riendas de su vida, serán otros, que podremos identificar como “los malos”, que harán que se quede sin nada antes que se de cuenta. Dará miedo de lo que se puede hacer siendo un as de la informática, de lo profundamente vulnerables que somos nosotros y nuestros datos.

Y luego estarán otra serie de personajes que lo ayudarán, lo llevarán a La Isla…un lugar del que ya no podría escapar, aunque algún día lograra salir. Un lugar con reglas propias, donde nada es común pero sí tremendamente lógico.

Allí intentará por todos los medios recuperar su vida, mientras todo un elenco de personajes hará todo lo posible para que no se pueda ir. Personajes sin nombre pero caracterizados por algo que nos describirá su papel en esa Isla, la mujer de la pastelería, el músico, el comisario, el hombre de la cometa…

Con todos ellos hablará y pese a las reticencias iniciales, se dará cuenta de que está lleno de prejuicios y que aquellos que ha prejuzgado tienen toda una historia detrás.

Él reflexionará, y nosotros con él, asombrados y preocupados por todo lo que está sucediendo, hasta que como en un puzle de mil piezas todas consiguen encajar, y comenzarás a ver que todo está lleno de un más allá.

Al terminar, y como dice él, y como nos contó en la presentación a la que pude asistir, te entran unas enormes ganas de abrazar a alguien…fuerte, muy fuerte.

Y en mi caso de llorar, lloré mucho, demasiado. Había partes del libro que me desgarraban el alma, porque aunque es un libro que te sacude para que seas capaz de cambiar tu destino y de luchar por lo que quieres, a pesar de que hay personas a las que el destino ha zarandeado y no les ha dejado la oportunidad de elegir ni de luchar.

Lloré por ese padre que ama tanto a su hijo que le quiere mostrar el camino, por ese hijo que tiene ese referente de amor tan grande. Lloré porque no hay familias perfectas ni llenas de amor, lloré por las ausencias, lloré por aquellas cosas que tenía guardadas en un cajón que de repente se escaparon y se hicieron tan presentes y me ahogaron con su recuerdo.

Y reflexioné mucho acerca de esas frases que te dejan marcada, y decidí dejar de llorar, porque la realidad es la que es, y hay que lucharla, y aunque el destino esté escrito. Porqué no tomar la iniciativa e ir a por él con una sonrisa y el pelo al viento. No puedo cambiar el pasado, pero sí intentar moldear mi presente y mi futuro…el mío y el de los míos.

Así que cómo habéis podido comprobar es un libro que se te mete dentro, que te rasca, que te remueve los cimientos y te hace pensar.
Yo lo tenía y lo tengo claro. Os recomiendo este libro que ha pasado a formar parte de mi vida. No lo dudéis, saboreadlo y disfrutadlo.

Es Eloy, ese Eloy lleno de entusiasmo y de sonrisa, ese Eloy grande como escritor y grande como persona, os conquistará.

La vida está llena de gente que mueve la mente pero deja quietos los brazos, que leen miles de frases del tipo “cada día hay que vivirlo como si fuera el último”, o “dedícate a aquello que te haga feliz”, frases que comparten en Internet, con sus amigos, que ponen en las paredes de sus casas..., pero después no hacen absolutamente nada por cumplirlo, ese es el problema

La mayor parte de la gente se pasa más tiempo hablando de sueños que persiguiéndolos... porque hablar es sencillo, apenas requiere esfuerzo. 

Te quiero, dos palabras tan sencillas como complicadas, tan presentes como esquivas, tan pequeñas como el amor cuando se olvida, tan grandes como la felicidad que trae una nueva vida. 




Saludos y a leer.

jueves, 6 de marzo de 2014

LA CAMA CRECIENTE de Eloy Moreno

Hay un autor muy especial para mí, que me toca la vena sensible y la rabiosa, porque sabe poner en palabras maravillosas mis pensamientos. Porque sabe decir como nadie lo que siento. Lo conocí con su primer libro El bolígrafo de gel verde, y tuve la inmensa suerte de que me tocara Lo que encontré bajo el sofá, en un sorteo...y con ese libro toqué el cielo. La reseña está aquí en el blog. http://laisladelasmilpalabras.blogspot.com.es/2013/11/lo-que-encontre-bajo-el-sofa-de-eloy.html
Tiene un relato que he leído varias veces y que me conmueve lo indecible...porque describe el amor, la soledad y la pérdida como nadie.
Con su permiso voy a ponerlo aquí. Podéis encontrar otros escritos y más acerca de él en http://www.eloymoreno.com


Eloy Moreno Olaria, nacido en Castellón de la Plana en 1976, es un escritor español que se ha dado a conocer tras la publicación de su primera novela, El bolígrafo de gel verde (2011).
Se tituló en Ingeniería Técnica en Informática de Gestión por la Universidad Jaume I. Acudió a talleres de escritura en esta misma universidad. Tras finalizar sus estudios universitarios estuvo trabajando en una empresa de informática hasta que aprobó las oposiciones a informático en el Ayuntamiento de Castellón de la Plana, donde continúa trabajando. Comenzó su andadura en la literatura autoeditando su primer libro, y llegó a vender más de 3.000 ejemplares. Este éxito junto a la labor de difusión realizada a través de las redes sociales hizo que la editorial Espasa decidiera reeditar la novela. Se han publicado 13 ediciones, con más de 80.000 ejemplares vendidos. En el mes de su lanzamiento con Espasa fue la novela más vendida de España.
Moreno también ha escrito varios relatos cortos. Con uno de ellos, La cama creciente ganó el II Concurso de Relato Corto 2008 organizado por el Casal Jove de Castelló en la categoría de 19 a 35 años.

Ahora es éxito de ventas con Lo que encontré bajo el sofá



La cama creciente

Primer Premio. Concurso Relato Corto. Ayuntamiento de Castellón 2008
.

Hace ya tiempo que el mundo que rodea a Román se hace, día a día, más pequeño. Sólo hay algo que, ajeno a ese encogimiento de límites, no deja de crecer: su cama.
Es de noche ya en la vida de Román, un día más. Avanza, a través de un pasillo que nunca le pareció tan largo, hacia su habitación. Apaga la luz y, a oscuras, se detiene frente a una puerta que, en realidad, no desea abrir. Es su vieja mano la que, guiada más por la costumbre que por el deseo, empuja suavemente el picaporte hacia abajo permitiendo que las tres oscuridades -la del pasillo, la de su habitación y la que lleva escondida en el cuerpo- se confundan en una nube de tristeza.
Román avanza, con los ojos cerrados, sobre la moqueta, dejando la puerta abierta porque sabe que no va a entrar nadie. Llega, en apenas tres pasos, a la cama, a su parte de la cama, la más cercana a la salida. Se sienta en silencio, sobre un colchón que se queja a la mínima presión, mirando hacia el pasillo. Comienza a deshacerse de las zapatillas utilizando sus propios pies, pues ya no puede hacerlo con las manos. Un pie ayuda al otro a desvestirse y, después, el otro ayuda al uno. Son esos mismos pies los que colocan, ordenadas, ambas zapatillas juntas: izquierda y derecha, de izquierda a derecha. No se atreve a esconderlas bajo la cama; las deja, en cambio, a la vista, para poder tenerlas controladas, porque sabe que son capaces de huir y dejarlo, ellas también, allí abandonado.
Román se acurruca lentamente, horizontalmente, en silencio, mirando hacia la puerta, sobre el borde de la cama -que es a la vez la arista de su abismo-, casi fuera, casi en vilo. Esconde la mano izquierda bajo la almohada y la derecha queda colgando, con los dedos en permanente contacto con el suelo, para no separarse demasiado de la realidad.
Permanecerá así, en la misma posición, prácticamente toda la noche, sin apenas generar movimientos, sin apenas desplazar sonidos. No tendrá el valor suficiente para girar su cabeza porque es consciente de lo que no va a encontrar.
-Buenas noches -susurra.
Es de noche y es invierno: hace frío. Pero Román es incapaz de taparse porque sabe que allí, bajo las sábanas, en ese rincón donde nunca exploramos cuando dormimos, podría no encontrarse con los otros pies, con esos más pequeños pero tan viejos como los suyos, con esos con los que ha estado jugando desde hace tantos años. Por eso prefiere dormir destapado, porque entre la verdad y el frío, elige lo segundo.
Pasan los minutos y las horas, y los ruidos y las sombras, y los recuerdos y las dudas, y Román continúa despierto, en la misma posición, distinguiendo -gracias a esa luz que nunca se sabe de dónde nace, pero que es capaz de atenuar la más absoluta de las oscuridades- los perfiles de una habitación que desde hace demasiados días sólo ocupa él.
Y espera.
Y se mantiene así, estudiando la respiración que emite la noche; dibujando, con los dedos, pensamientos imposibles en el suelo; humedeciendo una almohada que últimamente casi nunca está seca.
Y espera.

Cuando la habitación ya no difunde ruidos; cuando piensa que ella ha podido dormirse; cuando los ojos le duelen más que los recuerdos, vuelve a intentar lo que más miedo le da cada noche: tantear la esperanza.
Desplaza, con movimientos suaves, la mano que, hasta hace unos momentos, escribía cartas en la moqueta, hasta su pecho. Se mueve lentamente para fijar, con los ojos cerrados, su vista en el techo, sabiendo que su cabeza no se atreverá a girar más allá.
Y espera.

Y escucha: nada.
Y espera.
Y respira, y desearía no hacerlo.

Y espera.
Deja pasar unos minutos más -le sobran tantos- y, entre el miedo y la vergüenza, comienza a alargar el brazo derecho en busca de la verdad -en realidad, en busca de la mentira-, en busca de esa parte de su vida que desapareció hace apenas unas semanas: en busca de ella. Arrastra sobre las sábanas su brazo, que se convierte en serpiente reptando en silencio, sin veneno, sin apenas vida. Un brazo que, a través de unos dedos encogidos, rastrea un presente que jamás llegará a ser futuro.

Cada noche su mano llega un poco más lejos: lo suficiente para no alcanzar la otra orilla de una cama que parece un océano; lo necesario para poder dormir, al menos unas horas, creyendo que ella continúa ahí, a su lado.
Y después de haber llegado hasta ese centímetro que supone el límite, después de no haber encontrado nada y justo antes de tocar el otro abismo, el contrario, Román se asusta y encoge rápidamente su mano, su cuerpo y su corazón. Vuelve, de nuevo, a su rincón, en el extremo contrario, acurrucado, derrotado…, en realidad, a la deriva.
Quizás -piensa Román- la cama esté creciendo.
Y ese pensamiento, el de que la cama se expande por las noches, le sirve de excusa ante la imposibilidad de encontrarla en el mismo lugar de siempre: a su lado. Mañana lo volverá a intentar pero no encontrará nada, porque lo que Román no sabe es que su cama crece al mismo ritmo que lo hace su búsqueda.
Y así pasa las noches un Román que, al día siguiente, se despertará tarde, lo suficiente para que ella ya se haya ido a comprar. Y aprovechará ese momento de soledad para levantarse y, sin fijarse demasiado en la cantidad de vida que ha ocupado la noche, hacer una cama que no está deshecha.
No abrirá la ventana porque prefiere que esa parte de la habitación permanezca a oscuras. Se vestirá con la ropa de ayer -como cada día-, se limpiará los restos de tristeza que se le han quedado varados entre las arrugas de la cara y saldrá a tomarse el mismo café que se toma cada mañana, en el mismo bar, con las mismas ganas.
Deambulará, durante la mañana, por las calles de un barrio que conoce de memoria, intentando esquivar preguntas sin respuesta, intentando que el tiempo -su vida, en verdad- pase lo más rápido posible. Intentará vivir como ha vivido hasta ahora, haciendo exactamente lo mismo que ha hecho siempre, para ver si esa rutina es capaz de enterrar una realidad que nunca será capaz de asumir.
Y se dirigirá al parque. Y sentado en un banco, leerá un periódico mientras observa el ir y venir de personas ajenas, el volar de palomas sin mensajes, el llover de recuerdos en sus propias mejillas…
Dejará pasar el tiempo suficiente para, justo antes de que ella regrese de la compra, iniciar el camino a casa. Volverá por las mismas calles de las que antes huyó, pero esta vez por la acera contraria. Llegará a un portal que cada vez está más lejos, subirá andando porque ella siempre bajaba en ascensor, entrará en casa y la encontrará como la abandonó: vacía.
Dejará el periódico en el sofá, sobre el resto de periódicos. Escribirá una pequeña nota sobre el resto de notas: “Hoy comeré en el bar de Andrés. Si necesitas algo, llámame al móvil. Te quiero”.
Y Román comerá solo, junto a un móvil que nunca ha sonado desde el extremo deseado, en el pequeño bar de la esquina. Y desde ahí, desde el vértice de sus esperanzas, pedirá un café que tardará una eternidad en tomarse. Desde ahí vigilará el resto de vidas, añorando cuando la suya también se escribía en plural. Desde ahí esperará el llegar de sus compañeros de partida, ahora también de tardes perdidas.
Ya por la noche, cuando cada vida haya escapado hacia su destino, Román mirará un reloj que ha perdido su sentido porque ya no puede llegar tarde a ningún sitio. Iniciará así, un regreso singular hacia su casa.
Entrará en silencio para no despertarla, quizás para no despertarse a sí mismo. Dejará las llaves sobre las notas sin leer, la mirada sobre la montaña de periódicos que comenzó siendo montón, y el corazón, escondido hasta ahora en el bolsillo de la camisa, sobre el recibidor con la esperanza de que mañana alguien lo recoja.
Apagará la luz y, a oscuras, se detendrá frente a una puerta que, en realidad, no desea abrir. Será su vieja mano la que, guiada más por la costumbre que por el deseo, empujará suavemente el picaporte hacia abajo dejando que las tres oscuridades -la del pasillo, la de su habitación y la que lleva escondida en el cuerpo- se confundan en una nube de tristeza.
Román avanzará, con los ojos cerrados, sobre la moqueta, dejando la puerta abierta porque sabe que no entrará nadie. Llegará, en apenas tres pasos, a la cama, a su parte de la cama, la más cercana a la salida. Se sentará en silencio, sobre un colchón que se quejará a la mínima presión, mirando hacia el pasillo. Comenzará a deshacerse de las zapatillas utilizando sus propios pies, pues ya no puede hacerlo con las manos. Un pie ayudará al otro a desvestirse y, después, el otro ayudará al uno. Serán esos mismos pies los que colocarán, ordenadas, ambas zapatillas juntas: izquierda y derecha, de izquierda a derecha. No se atreverá a esconderlas bajo la cama; las dejará, en cambio, a la vista, para poder tenerlas controladas…
Y ya bien entrada la noche, justo antes de que el sueño acabe por derrotarlo, Román volverá a explorar esa parte de la cama que durante tanto tiempo ha estado ocupada. Volverá a intentarlo sin poder llegar a la otra orilla porque, en realidad, no desea hacerlo. Y es que Román es consciente de que sólo podrá seguir soportando la realidad mientras sea capaz de vivir bajo una mentira. Por eso ha adaptado su mundo a su anterior vida, a la única que ha disfrutado.
Eloy Moreno

miércoles, 6 de noviembre de 2013

LO QUE ENCONTRE BAJO EL SOFA de Eloy Moreno


Título: “Lo que encontré bajo el sofá”
Autor: Eloy Moreno
Editorial: Espasa
Edición: tapa blanda con solapas
Fecha de publicación: 25/09/2013
Nº de páginas: 320 páginas
ISBN: 978-84-670-3502-5
Género: Novela
Precio: 19,90 euros la edición en papel /9,90 euros la edición en digital

LA NOVELA DE UNA GENERACION INDIGNADA



Autor

Eloy Moreno Olaria, nacido en Castellón de la Plana en 1976, es un escritor español que se ha dado a conocer tras la publicación de su primera novela, El bolígrafo de gel verde (2011).
Se tituló en Ingeniería Técnica en Informática de Gestión por la Universidad Jaume I. Acudió a talleres de escritura en esta misma universidad. Tras finalizar sus estudios universitarios estuvo trabajando en una empresa de informática hasta que aprobó las oposiciones a informático en el Ayuntamiento de Castellón de la Plana, donde continúa trabajando.
Comenzó su andadura en la literatura autoeditando su primer libro, y llegó a vender más de 3.000 ejemplares. Este éxito junto a la labor de difusión realizada a través de las redes sociales hizo que la editorial Espasa decidiera reeditar la novela. Se han publicado 13 ediciones, con más de 80.000 ejemplares vendidos. En el mes de su lanzamiento con Espasa fue la novela más vendida de España.
Moreno también ha escrito varios relatos cortos. Con uno de ellos, La cama creciente ganó el II Concurso de Relato Corto 2008 organizado por el Casal Jove de Castelló en la categoría de 19 a 35 años. Además, escribe artículos de opinión en su blog Tercera Opinión, que fue galardonado con el premio de mejor blog en la 2ª edición de ’1 año en 1 post’ de la web Atrápalo.
Fue Premio Onda Cero Castellón 2011 por el esfuerzo realizado en la difusión de El bolígrafo de gel verde, y finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2012 en el apartado de narrativa por la misma obra.

 
Sinopsis

¿Qué ocurre al mover un sofá? ¿Y al mover una vida?
Quizás encuentres objetos -o personas- que ya habías olvidado, un calcetín que se quedó sin pareja o una pareja a la espera, esquirlas de otra vida... o uno de esos secretos que te obliga a pronunciar la frase que lo cambia todo: "tenemos que hablar"

¿Y si movemos una sociedad?
Entonces uno se da cuenta de que vive en un lugar con demasiados gusanos para tan poca manzana. Pero también un lugar donde, al observarnos, descubrimos que somos los primeros en hacer aquello que tanto criticamos.
Cuando en 2011 Espasa publicó El bolígrafo de gel verde , los lectores se encontraron con un libro que ya empezaba a triunfar en las redes sociales pero cuyo contenido era un misterio. Dos años después, Eloy Moreno publica su segunda y esperadísima novela. De nuevo, el “de qué trata” es lo de menos, porque hay historias que no pueden resumirse en unas líneas

 
Opinión

Admiraba a este autor por mi experiencia con su primera novela, que me encantó, y por la historia que llevaba detrás, que escuché en la radio, y que él contaba:

Eloy escribió una novela a la que tituló “El bolígrafo de gel verde”. Él creía que era buena pero las editoriales no pensaban lo mismo. Pero él, erre que erre, siguió adelante con su sueño ¿no queréis publicarme la novela? Pues la publico yo.

Y con su novela autopublicada, y con la ayuda de su padre, se pateó librerías, redes sociales y blogs presentándola. No sólo él, también su madre que siempre llevaba dos ejemplares en el bolso para colocárselos a su familia, a la pescadería, a la panadería, a la carnicería... ¿Se vino abajo? No, estaba convencido de la calidad de su obra.

Y ocurrió algo: Que el que la leía resultaba encantado. Te puede gustar muchísimo, o algo menos, pero yo no he visto una crítica negativa. Fue tanto el éxito del boca a boca que una editorial, Espasa, se fijó en la novela y la publicó, dándole, además, la necesaria publicidad. ¿Y qué ocurrió? Que fue un éxito y que se coló en lo más alto de las listas de ventas. El éxito de Eloy fue merecidísimo, por calidad pero también por tesón.

Con estos antecedentes, estaba expectante ante el anuncio de su nueva novela, y tuve la inmensa suerte de que me tocara en un sorteo, porque mi economía no estaba para muchos trotes. Y en el sorteo se incluía una charla virtual con el escritor.

¡¡¡Premio al gordo!!!. Porque me permitió conocer a una persona genial, animosa, agradecida y muy humilde, y que ha crecido mucho como escritor en esta segunda novela.

Y ahora voy al libro. Iba con miedo, no sabía lo que me esperaba, tenía miedo a que me decepcionase, pero no…para nada. Es un libro magistral. Es un libro para releer, para compartir, para regalar…para gritarlo y vivirlo. Para darle las gracias a Eloy por escribirlo.

 
Os voy a dar unas pinceladas, porque es tanto lo que esconde que es imposible decir sin desvelar, contar sin desnudar, y encontrar palabras para describir lo que se siente al leerlo, porque da la sensación de que él se ha quedado con todas las palabras, todos los sentimientos, todo…De hecho se queda con tu alma, porque sigues dándole vueltas en tu cabeza, y otras veces tienes que cerrarlo porque es demasiado real, estás ahí, en ese libro, no puedes salir, atrapada en un mundo de sensaciones. Y tienes que cerrar el libro, y llorar, y volver a tener el coraje de volver a abrirlo y seguir leyendo.

Es una novela coral, con miles de historias que se solapan, que se acercan y se alejan, que se superponen. Es ágil y divertida, a veces algo sombría, pero con esperanza.

¿De qué va? De todo. Su historia es la de todos, la de hoy y la de mañana, la que ocurre cuando te levantas y pones la tele o cuando te conectas a Internet, es también tu historia, porque seguro que estás reflejado en uno u otro personaje.

Hay cuatro personajes principales que son los que llevan el peso de la historia:

Alicia, digamos que es la que lleva el peso de la historia, mujer casada y destinada durante unos meses a Toledo, que de repente ve toda su vida cuestionada.

Marcos, policía municipal, que es simplemente él, que conoce la ciudad como la palma de su mano, y que tiene curvas y aristas, y todo él es un laberinto

Marta, una adolescente fuerte y débil, asustada y enamorada, que toma un camino que no todo el mundo es capaz de tomar…ese puente que se me clavó en el alma, esas zapatillas de correr.

Y por último el gran protagonista Toledo, el gran desconocido, el que está lleno de secretos, el que se va desnudando poco a poco, leyenda a leyenda, calle a calle, que pone a la gente en su sitio, que juega y se despliega con toda su majestuosidad desde El Cigarral, el que se deja ver por el turista, y el que se esconde de él.

La novela juega al despiste, te hace tener certezas, que se transforman en incertidumbres, inquietudes que no se solucionarán, el misterio se resolverá, pero cual de ellos…no lo sabrás hasta que lo leas.

Y ese es el libro, un libro con final, un final que no sabes si es triste o alegre, porque así es la vida, porque nadie sabe como continúan los cuentos y qué hay más allá del fueron felices y comieron perdices. Felices ¿Cómo? ¿Con quien? ¿Hasta cuando es siempre?

Y en definitiva es un alegato contra la corrupción, contra el mobbing, contra el maltrato, contra el sistema, contra los recortes, contra la crisis, contra la pasividad, contra los políticos, contra todos nosotros que en definitiva permitimos que las cosas sigan sucediendo.

Y frases, hay tantas, hay tanto detrás de ellas que es casi imposible decantarse por alguna:

- Cuando la fe movía montañas arrasaba vidas.

- Apreté la mirada, los puños e hice lo posible para apretar también el corazón.

- Nadie mejor que uno mismo para clavar la punta de la culpa en la parte más delicada del alma.

- Y ahora así paso cada día, levantándome con la sensación de que se me va cayendo la vida.

- Siempre, nunca, qué palabras más inútiles.

- De lo que no estoy tan segura es de si querer y amar es lo mismo.

- ¿Sabes lo que es un hombre sin recuerdos?... Un niño.

-  A un político jamás hay que llamarle de usted, pues en el mejor de los casos es un trabajador a tus órdenes.

En definitiva es un libro muy muy recomendable, hasta el punto en que lo pondría de lectura obligatoria en los institutos, y con el que he disfrutado como una enana, y seguiré haciéndolo. Lo prestaré, pero no se moverá de mi mesita de noche.
 
Saludos y nos vamos leyendo.