Autor: Pere Cervantes
Editorial: Ediciones B
Primera edición: julio 2014
Edición: Círculo de Lectores
Nº de Páginas: 239
ISBN: 9788467262360
Género: Novela negra, policiaca
Autor
Pere Cervantes, nacido en Barcelona en 1971, es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona, desde 1991 trabajó para la ONU y la Unión Europea en Comisión de Servicio, y durante dos años y medio en Kosovo y Bonia Herzegovina como responsable de restablecer la convivencia entre serbios-albaneses-bosnios-croatas en un mismo territorio y planificar su seguridad. Fruto de esa experiencia escribió su primera novela Trescientos sesenta y seis lunes (Editorial Triángulo Escaleno, 2004). Es autor también de La soledad de las ballenas, Tranki pap@s y Rompeolas.
Formado como Guionista en la Academia Internacional de Cine de Barcelona, es autor de diversos cortometrajes y del guión de largometraje Triste y azul (actualmente en estudio por la productora barcelonesa Alter Ego).
Coach Profesional Certificado-CPCO por el Instituto internacional Olacoach, con experiencia profesional desde el año 2008.
Colabora en Onda Cero Castellón en los programas de las mañanas con la periodista Lorena Pardo.
Coach Profesional Certificado-CPCO por el Instituto internacional Olacoach, con experiencia profesional desde el año 2008.
Colabora en Onda Cero Castellón en los programas de las mañanas con la periodista Lorena Pardo.
Sinopsis
Los asesinatos en la isla de Menorca de dos mujeres de edad avanzada y los idénticos escenarios donde han sido cometidos, llevan a la investigadora María Médem a la primera conclusión de una investigación compleja; hay un asesino en serie en las calles y ninguna pista fiable para detenerle.
Sobres de azúcar con inscripciones literarias, la misma canción de Raphael sonando en el ordenador de las víctimas, un olor a hierbabuena impregnado en el ambiente y una limpieza exagerada en los domicilios, son los únicos hilos desde los que tirar.
Su pasado como investigadora de homicidios en Barcelona, las viejas amistades que revuelven su corazón y la presencia de una suegra insoportable, formarán un viaje de ida y vuelta en el que no sólo tendrá que luchar por descubrir al culpable sino también por tomar decisiones personales.
Opinión
Tenía este libro esperando el momento adecuado y lo he encontrado con la excusa de la participación en la Yincana Criminal 2017.
La historia transcurre en la isla de Menorca y va a comenzar con el descubrimiento de los cadáveres de dos mujeres de avanzada edad, lo que en un principio parecía un suicidio no es tal, sobre todo cuando se encuentran determinados indicios que hacen dudar, en los dos lugares encuentran elementos comunes y cuando se realizan las autopsias se confirma que han sido asesinadas. Una de los elementos comunes es que en el lugar de los hechos se reproduce una y otra vez en bucle en el ordenador, una canción de Raphael, No nos dejan ser niños.
María Medem será la encargada del caso, a pesar de estar destinada en la oficina de denuncias, recién incorporada de su baja maternal, pero su pasado como prestigiosa profiler hará que sea reclamada por el equipo que llega de Madrid para investigar los casos. Ese equipo se encuentra encabezado por Roberto Rial, responsable de la unidad de Homicidios de la central en Madrid, que encima fue su antigua pareja y al que quiso olvidar poniendo tierra de por medio y marchándose precisamente a Menorca, y un crack informático Álvaro Aldea que está como quien dice en pañales en este tipo de investigaciones.
Reencontrarse con su pasado supone un fuerte choque emocional para María, que ahora está casada con Bruno un hombre al que ya no reconoce, y sobre el que no tiene claros sus sentimientos, entre otras cosas porque se pasa la mayor parte del tiempo en Shangái, por motivos laborales. Para sentirse aún más insegura acaba de ser madre de Hugo un pequeño que reclama su atención y al que para cuidarlo ella tiene que hacer numerosos malabares con cuidadoras y tiempo. Si había algo más para trastornar el precario equilibrio en el que María comienza a estar inmersa, lo hará en forma de suegra, y es que Amparo García, madre de Bruno llega con una maleta y amenaza con quedarse.
Todo se va volviendo más asfixiante y precipitado al aparecer un nuevo cadáver, que todo apunta que está en el entorno de la propia María. Y aquí es cuando aparece la auténtica pesadilla, más incluso que la de los propios crímenes y es la vida de María, en la que el autor ha sabido volcar toda la presión que tiene una mujer en la actualidad. Tiene que trabajar ahora sin horarios, sin nadie que realmente la apoye, su única amiga y vecina está emprendiendo un nuevo proyecto, muy original todo hay que decirlo y depende de cuidadoras que la mirarán por encima del hombro al ver cómo en cierto modo antepone su papel de investigadora al de madre, pero eso no es realmente así, no puede ser una súper mamá, y en ningún momento olvida su papel de madre. Se ve presionada por sus jefes, por sus roles y por sus sentimientos. Solo encuentra escape cuando se traslada en bicicleta de casa a la comisaría, son sus únicos instantes de real intimidad.
Pero lo que más angustia me ha producido es su relación con su suegra, esa mujer malvada, maligna, que transforma lo que hasta ahora había sido su hogar en un campo de batalla cruel, lleno de mentiras, odio y luchas de palabras, autentica esgrima que va donde quieren ambas, directas al corazón. Esa maldad y el miedo que siente María por su hijo se me quedaron pegados al estómago a lo largo de todo el libro y mucho tiempo después, porque soy consciente de que existen personas así.
Con estas dos sensaciones de vulnerabilidad, la que traen los asesinatos en una isla pacífica donde no parece que pueda ocurrir nada malo, y con la que se puede sentir en tu propia casa donde puede aparecer en cualquier instante un potencial asesino, rompiendo las reglas de mi casa es mi castillo, son con las que me quedo, así como la lucha por la conciliación laboral que sufren miles de mujeres en un mundo hostil en el que los hijos se ven como un problema o una debilidad.
Me estreno como he dicho antes con este autor y estoy segura de que lo seguiré leyendo, que me ha dejado con mucha curiosidad.
En conclusión tenéis una buena novela negra con unos personajes muy bien dibujados, donde la mujer es protagonista, donde nadie es lo que parece y donde aprenderéis a valorar la vida que es nuestro bien más preciado; con diálogos creíbles llenos de fina ironía que os harán dibujar más de una sonrisa. Os la recomiendo sin dudar.
“La vida ya me había enseñado que todo se evapora y que tratar de prolongar un momento era un gran error”. Pg. 107
“La vida, como nosotros, también se acoge al derecho de guardar silencio…” Pg. 232
Como ya he dicho antes, con esta reseña participo en la Yincana Criminal 2017, en el casillero correspondiente a la acción que transcurre en una isla.
Saludos y a disfrutar leyendo.
